Declarado de Interés Institucional
Declarado de interés institucional
Res. 39/2016

Pogo si… y golpes?

pogo

El “pogo”, ese sublime momento donde la banda que está viendo como su público lo realiza siente “lo logramos”.

El pogo es característico del rock y sus derivados, pero sabemos de qué se trata? Según Wikipedia, el Pogo, o “poguear” consiste en moverse frenéticamente en los momentos en los cuales la música es más agresiva, haciendo gestos con el cuerpo, dando patadas al aire, o empujando a los que se tienen cerca. Normalmente estos empujones tienen un carácter instigador más que de agresión, y buscan integrar de una forma enérgica pero amistosa a los demás en el baile, intentado no lastimar a los demás y sobre todo a quienes no quieren integrarse, que permanecen alejados. Originalmente, el alentador de esta conducta fue Sid Vicius antes de pertenecer a los Sex Pistols. En un show de los Pistols, donde Sid aún era espectador, no había escenario y la banda tocaba a nivel de piso, Sid, comenzó a saltar y empujar para ver el show.

Años han pasado y cada día se “poguea” más, incluso, a veces, el show, no tiene sentido sin el pogo, dependiendo la banda que se encuentra adelante. En Latinoamérica, se ha caracterizado, por ser uno de los pogos más destructivos. Siempre nos han catalogado de violentos a la hora de hacer pogo, fundamentalmente al público argentino que es temido en la mayoría de los países que  pisan una vez llega su banda de culto.

Pero la pregunta es “Pogo sí?, golpes no?” Cuál es el motivador de esa conducta humana?

Sin duda, los “especialistas” y más que nada los moralistas defensores del “pobre ser que compró  una entrada para ver a su banda preferida y no sabía con lo que se iba a encontrar”  lo primero que hacen es relacionar la conducta con la definición por transitiva: “música violenta – pogo violento” puede haber cierta proximidad, pero el que va a ese espectáculo, no sabe lo que va a ver? Qué tan responsable es?

Cada vez es más común leer que se han desatado “bardos” en shows, incluso las propias bandas saliendo a pedir disculpas por los desmanes que arman la mayoría de sus fans contra el público que quiere sentarse a ver el show.

Entonces aquí me surge la pregunta. Cómo se forma esa mayoría bardera? Cómo, la banda, que hace un par de meses tocaba en antros (e igual convivía con esos problemas) ahora no los puede controlar? Creo que hay dos problemas que conviven a la hora de poder realizar un show:

Por un lado, sin desmerecimiento de la juventud, me cuesta creer que, jóvenes de entre 20 y 25 años, con un par de años de toques y de unos meses que “saltaron a la fama” puedan controlar a adultos de más de 30 o 40 en un lugar donde: entran unas 5000 personas, es cerrado, la seguridad no sobra y hace no mucho tiempo tocaban para 100 personas.

Independientemente a crecer como banda, sonar en las radios, editar discos y estar en boca de todos, es necesario tener el proceso de crecimiento etario como artista y cómo personas para lograr tener las herramientas necesarias para cuidar a los que van a verte, más aún, cuando la música que realiza la banda genera el frenesí de descontrolarse. Tal vez, es necesario “chupar rueda” (como decimos lunfardamente) y seguir haciendo esos shows íntimos que te dieron el prestigio de no tener que lamentar lastimados ni salir a dar explicaciones.

Por otro lado, la sociedad ha sufrido un cambio importante con la pérdida de ciertos valores y pasamos al “sólo me importo yo” y por esa razón no me importa el de al lado. Esto es directamente contrario a disfrutar el pogueo.

Debemos, todos los que pertenecemos al ambiente artístico, hacer fuerte hincapié en mantener el orden del show, que no significa poblar de “patovicas” sino que lo que hay que hacer es educar. El espectador siente con la banda. Siente su música, siente sus letras, despierta un montón de sensaciones que sumadas a tu día a día cotidiano puede ser, la música, el show, tu única válvula de escape. Como artistas debemos educar que el pogo es saltar no golpear y como espectadores tenemos que entender que podemos lastimar y ser lastimados.

Me dirán: a veces se prevé todos los puntos marcados pero no salen bien. Podría ser cierto, pero evidentemente, hoy en día, muchas veces, no alcanza lo que hacemos.

La música es para compartirla, no para sufrirla.