Declarado de Interés Institucional
Declarado de interés institucional
Res. 39/2016

La culpa es nuestra

guitar destrozada

No es ajeno, a las personas que estamos en el ambiente de la música,  encontrarse con ciertas peleas mediáticas las cuales generalmente invaden las redes sociales entre los “pro” unos y los “pro” otros.

Al mejor estilo “reality” se logran leer comentarios u opiniones que rozan lo grosero y la falta de respeto, afirmando lo que escribía Umberto Eco: “Las redes sociales le dan derecho a hablar a legiones de idiotas”.

Sin embargo, no significa, que cuando no existían las redes sociales, estos sucesos no se daban. Estaba la tele, la radio (todo recordaremos el  suceso que tuvo Jorge Nasser cuando interrumpió un programa para darle un correctivo a los conductores que denigraban su trabajo) Pero fundamentalmente, antes de las redes sociales, estaba el cara a cara. Esto brindaba un trato directo “mano a mano”, o como se dice en el ámbito pugilista “segundos afuera” y esto, aunque no lo queramos ver, daba cierto respeto a la hora de expresarse, podremos pensar diferente, pero con respeto.

Ahora bien,  en base a una discriminación generalizada que muchas veces somos partícipes, estos actos de “terrajerismo urbano”, los de reality,  se los achacamos a los géneros musicales que conllevan los que nosotros, los que estamos en el rock, creemos terrajas, o sea los que simpatizan con la cumbia, porque “un rockero jamás baila”.

Para la sorpresa de los que nos jactamos de “ser rockeros” (no sé si eso significa ser malo también) no es así. La escena del rock se ha transformado en un escenario donde  sacamos nuestras miserias y nos creemos con la autoridad de increpar, opinar o denigrar al que está al lado, que no deja de ser un colega, no nuestra competencia y de creer que es nuestra competencia, es un ser humano.

El público es de la música, es de lo que deseen escuchar y ver, es el público que ve a una banda de rock el jueves y  sale a bailar el sábado. Y es fundamental, que nosotros como artistas que brindamos un show, entendamos que no nos quieren ni más ni menos porque les gusten diferentes estilos, nosotros, sólo debemos remitirnos a poder deleitarlos con nuestro arte. Y si el día de mañana no desean más seguirnos o escucharnos, no es por culpa de otro colega, es porque nosotros no supimos darle lo que buscaba en ese momento.

Pasando raya, es importante comprender, que más que competir, hay que trabajar en conjunto y respetarnos. La escena en Uruguay es pequeña y es lógico, somos 3 millones y futboleros. Es real que no hay espacios siempre para todos, pero eso no hace a tu colega ni al público mejor o peor persona como para arremeter contra ellos. Como decía el Martín Fierro “los hermanos sean unidos, esa es la ley primera, si los hermanos se pelean se los comen los de afuera” Por más que las redes sociales nos den la “autoridad” de decir lo que queremos y nos ponemos la bandera de la “libertad de expresión”, no hay que olvidar que nuestros derechos terminan cuando empiezan los del otro y me pregunto, quién nos dio el derecho de juzgar al que tenemos al lado?

Hay una vieja consigna que siempre está vigente: “Music unites do not divide” que significa que la música está hecha para unir, no para dividir y quién no lo quiera entender o aplicar, realmente debería dedicarse a otra cosa.